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Este debería ser un post GENIAL

agosto 3, 2012

En pocas palabras: El poder del adjetivo.

¿Cuántas veces hemos escuchado o vista escrita la palabra GENIAL para referirse a algo que es extremadamente bueno, espléndido, maravilloso o ingenioso? Cientos o miles quizá.

Científicamente comprobado: cuanto usted más lea más vocabulario tendrá. El problema de esta época, y de todas las épocas, quizá; es que nadie lee, e incluso nosotros que trabajamos en publicidad no pasamos de las mismas palabras para calificar algo.

La comida es RICA, DELICIOSA, EXQUISITA y de allí no pasamos, pudiendo enterarnos, si quisiéramos, que la comida también puede ser TRISTE, DIVERTIDA, ELEGANTE, DELICADA, EMOCIONANTE, la comida podría ser gris si así la quisiéramos calificar. Una cena podría ser TÓRRIDA o SOPORÍFERA u OSCURA si así quisiéramos llamarle.

Pero no. No tenemos suficientes adjetivos. Es decir, sí tenemos, pero no los usamos, porque no los conocemos. Y ahora, llegados a este punto, podríamos ponernos puristas y hablar de los adjetivos necesarios y de los epítetos, de la adjetivación necesaria y de la subjetiva y de otros hermosos puntos relacionados con el tema que esta noche-tarde-mañana nos compete. Pero, la verdad es que lo que quiero es traer al cuento a uno de los grandes adjetivistas de la historia de la literatura, nada más ni nada menos que el maestro Jorge Luis Borges:

Borges emplea constantemente un tipo de adjetivos que no expresan las cualidades de las cosas, sino que resaltan las reacciones que estas cosas provocan en los personajes o en el narrador. Estamos ante la que definimos como adjetivación afectiva radicalizada hasta el extremo:

Ya era de noche; desde el polvoriento jardín subió el grito inútil de un pájaro.

Yo lo admiro a Borges por eso, por la forma tan prolija de usar sus adjetivos, de darles vuelta, de nombrarlos en los momentos menos innombrables. Y debo admitir que no me gusta cómo escribe, no me gustan sus relatos llenos de descripciones y nombres y fechas e historias interminables que parece que no llevan a ninguna parte; pero cuando escribe cosas como esta:

En las horas desiertas de la noche aún pudo caminar por las calles.

Iban oscuros por la noche solitaria.

No puedo hacer menos que admirarlo y querer ser algún día como el… O por lo menos saber darle la vuelta a mis adjetivos para que suenen así de perfectos y maravillosos.

Y al final, lo único que queda es repetir: los adjetivos están allí, esperando a ser desatados, a ser descubiertos. Y la manera más fácil de llegar a ellos es conocerlos, saber que están allí, escondidos en alguna parte. Y para dominarlos, el camino más directo es a través de la lectura… Algo que muchos hemos olvidado cómo se hace.

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4 comentarios leave one →
  1. agosto 3, 2012 7:00 am

    A mí me gusta el adjetivo. Puedo usar otros, pero ese me gusta. 😦 A veces le agrego superlativos.

    • agosto 3, 2012 2:33 pm

      Ah, pero está bien… Solo era un ejemplo, pudo haber sido “lindo”, mi adjetivo por excelencia.
      Gracias por leer.

  2. Willian permalink
    agosto 24, 2012 3:00 pm

    Hace poco di una clase sobre adjetivos (materia Análisis de Discurso). Esto me hubiera servido. LLegué tarde. Saludos.

    • agosto 24, 2012 5:17 pm

      Lástima que llegaste tarde. Gracias por pasar y leer. El tema de los adjetivos es fascinante.

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